Equipos empoderados

Equipos empoderados

Hoy en día, el equipo se ha vuelto la principal máquina de progreso de cualquier organización. Este cambio cultural es desafiante para modelos jerárquicos y autoritarios. Los líderes de hoy necesitan dominar los factores esenciales del trabajo en equipo.

La importancia de empoderar a tu equipo de trabajo radica en hacer los procedimientos más rápidos y eficientes, para evitar cuellos de botella. Esto no significa que todas las personas en el equipo harán lo que quieran. Nadie conoce mejor su trabajo que quien lo ejecuta permanentemente. Por lo tanto, cada persona tiene autoridad en lo que hace.

Cada miembro de un equipo realiza una tarea, y como se dedica a ella conoce muy bien cómo funciona. Por lo tanto, esta persona podría perfectamente tomar decisiones referentes a dicha actividad. Una decisión que involucre alterar todo el proceso del equipo, entonces, sale de su rango de decisión, y ahí si entra el líder. Para empoderar a un equipo de trabajo se debe, en primer lugar, trabajar con base en la confianza, es decir, ser capaz de tomar decisiones por sí mismo y saber trabajar en su área haciéndolo bien.

En segundo lugar, se empodera un equipo cuando se es capaz de asumir riesgos, pues si un miembro de tu equipo se equivoca, no puedes reclamárselo, apuntarlo y pretender que asuma solo las consecuencias y responsabilidades de su decisión

En tercer lugar deben respetarse las decisiones. Si se va a empoderar a un miembro del equipo debe hacerse de verdad y respetar las decisiones que se tomen.

En cuarto lugar debe de existir un feeback. Al final, todos aprendemos de todos porque nadie es perfecto. Las sesiones de feedback nos permiten darnos cuenta de que lo que hacemos, lo hacemos bien y de las cosas que podemos mejorar. Por medio del empoderamiento, las personas tienen la oportunidad de dar lo mejor de sí.

De acuerdo a estudios, la tendencia global en la que los ejecutivos son responsables del capital humano va a trabajar en el rediseño de la organización para su adaptación al siglo XXI. Al respecto, la única forma de afrontar la volatilidad, la incertidumbre, complejidad y ambigüedad en la que se está sumergido es siendo ágiles. Se requiere con urgencia reorganizarse para la agilidad.

En el pasado, las empresas estaban diseñadas para la productividad, por ello se construían complejas estructuras jerarquizadas y compartimentadas, donde las iniciativas circulaban de arriba hacia abajo. Sin embargo, estas estructuras no son ágiles, más bien son unos mamuts, imposibles de mover, para responder a los cambios acelerados actuales.

Entonces, ¿cómo deberían ser las organizaciones hoy en día? Las empresas que están en la cima del éxito, las que son altamente eficaces y productivas, operan como redes de personas empoderadas, coordinadas a través de la fuerza de la cultura de la empresa, la tecnología digital y el talento.

El primer paso hacia la adaptabilidad es cambiar las jerarquías por un modelo donde el trabajo lo realizan los equipos. Equipos reducidos a cuatro a seis personas. Es esencial que estos equipos estén motivados y empoderados.

Es decir, integrados por las personas que valoran positivamente formar parte de la organización ya que sienten que tienen mucho que aportar en ella. Deben sentir que crecen, que se desarrollan junto a sus compañeros de equipos y que colaborando juntos, sumando talentos, son capaces de resolver cualquier reto. De este modo, las decisiones y la acción fluyen en todas direcciones en 360 grados.

Características de equipos empoderados

Hoy en día no basta con formar equipos en las organizaciones más o menos eficaces, sino que estos han de poder cumplir con su cometido. Ahora bien, hay que identificar las características de equipos empoderados:

  1. Propósito y valores: Un equipo de alto rendimiento comparte unos valores y unas metas comunes. Tienen, además, un sentido claro de su visión y su misión. Si no hay esos valores compartidos, falta el nexo de unión que hace que todos los integrantes toquen al unísono, como en una orquesta bien dirigida. La falta de valores comunes hace que el equipo se desafine.
  2. Empoderamiento: Se ha dicho previamente que para liderar hay que empoderar. Un equipo de alto rendimiento lo forman personas empoderadas que confían en sí mismas y en sus capacidades, que sienten que tienen autonomía, que comparten la información entre ellos sin temor, que funcionan de manera horizontal dejando que, en cada momento del proyecto, lidere la persona que tenga la mejor capacidad para hacerlo.
  3. Relaciones y comunicación: En un equipo de alto rendimiento la comunicación fluye libremente, se escucha más que se habla y se comparten pensamientos y también emociones. No es que los miembros tengan que ser amigos, pero son verdaderos compañeros, se apoyan entre sí, se conocen y se respetan. Se valora la diferencia como fuente de creatividad y como generadora de nuevas opciones.
  4. Flexibilidad: Un equipo es flexible, se intercambian los papeles, se respetan las opiniones. Son personas con un mapa mental amplio y flexible que les permite cambiar de roles cuando es necesario e incorporar la visión de los otros sin sentirse por ello atacados en su ego.
  5. Óptima productividad: Se caracterizan por ser personas que están inmersas en un proceso de mejora continua, que cumplen fechas y objetivos y que no se conforman con hacer lo justo.
  6. Reconocimiento y aprecio: El feeback es esencial para que un equipo de alto rendimiento funcione. No podemos progresar en un proyecto si no tenemos feeback sobre lo que está sucediendo y reconocimiento por nuestra labor y contribución. Este feedback ha de venir tanto de los propios compañeros, del líder o directivo, como de la organización en sí misma.
  7. Moral: Cuando se dan las características anteriores, la moral del equipo sube de manera natural. Las personas se sienten motivadas y alentadas en su quehacer cotidiano. Cada miembro siente que forma parte de algo más allá de sí mismo, pero a la vez que su papel es un engranaje clave para que esa maquinaria funcione.

Muchos líderes creen que para alcanzar una meta tienen que controlar cada parte del proceso para no dejar al margen la equivocación. Sin embargo, es importante tener claro que los colaboradores deben hacer uso de su propia habilidad y disciplina para lograr cumplir con sus tareas.